Plataforma Educativa     |     Enlaces     |     Contacto

Historia

El Fundador de la Alianza Cristiana y Misionera El fundador de la Iglesia Alianza Cristiana y Misionera fue el Dr. Alberto Benjamín Simpson (1848 -1919). A. B. Simpson nace en 1844 en la Isla del Príncipe Eduardo, en Canadá. Jaime y Juana Simpson fueron sus padres. Don Jaime era un comerciante, molinero y constructor de barcos. Doña Juana era una mujer muy noble y de una buena familia de la alta sociedad. Ambos presbiterianos. A los 10 años ya había nacido en su corazón el deseo, no confesado, de ser predicador. A los 14 años, él se convierte realmente. Él tuvo el deseo de ser un hijo de Dios pero no sabía cómo hacerlo. El acude al pastor y éste le dio un libro, donde leyó: “Lo primordial es creer personalmente en Jesucristo para la salvación eterna”. Él se arrodilló y recibió a Jesucristo. A los 17, hizo su convenio con Dios y entró en la Universidad de Knox, Toronto, Canadá. A los 21, se graduó con altos honores. Y comienza su primer pastorado en la iglesia de Knox, en la ciudad de Hamilton. Su ministerio fue muy fructífero en esta iglesia. La formación de la Alianza Cristiana y Misionera El Dr. Alberto Benjamín Simpson, un “hombre lleno de fe y del Espíritu Santo”, pastor de una iglesia presbiteriana en los estados unidos, tenía el corazón ardiendo por las almas; oraba abrazando el mapamundi y lloraba preguntándose como alcanzar a los perdidos. Convencido que una unión, o sea una “alianza”, de cristianos animados por el espíritu misionero ayudaría a la propagación de las buenas nuevas del Señor Jesucristo en mayor escala. Simpson renuncio al pastorado de su iglesia para dedicarse a la evangelización de los pobres y de las clases marginadas en la ciudad de Nueva York. En 1897 se formo la “Alianza Misionera Evangélica” con el propósito de obedecer el mandato del Señor Jesucristo. El plan, el trabajo y la dedicación personal de Simpson contagiaron a muchos, y la obra fue creciendo. Más tarde se adopto el nombre de “Alianza Cristiana y Misionera”. En 1920, es decir tres décadas más tarde, la “Alianza” había reunido a 12,000 miembros en 125 iglesias en 16 países. ¡Gloria a Dios! En ese mismo espíritu nos sigue impulsando hoy a pregonar el mensaje de esperanza y salvación en Cristo a todo el mundo. En cien años, Dios nos ha permitido llevar el evangelio a millones de personas en todos los continentes. Hoy, contamos con “aliancistas” en más de 70 países.

Fue en el mes de abril del año 1897 que arribó a Talcahuano un hombre venido de Norteamérica que marcaría fuertemente a gran parte de la sociedad chilena. Fue un hombre de principios muy definidos, convencido por nobles ideales de libertad espiritual, de pensamiento y religión. Este era Henry L. Weiss L. acompañado por su esposa y un amigo canadiense, Alberto E. Dawson, él no sólo compartía tales pensamientos sino que a su vez había prestado a Weiss el dinero para un pasaje en el barco que lo traería a nuestro medio.

Pocos años antes, Weiss había escuchado predicar al Pastor Alberto Benjamín Simpson, que instaba a llevar las Buenas Nuevas de las Sagradas Escrituras a los “lugares oscuros”, en donde por causa del poco avance social, económico y cultural, muchos eran consumidos por la esclavitud de vicios, supersticiones y hechicerías, malgastando su vida, creando sufrimiento y pobreza social para ellos y para quienes les rodeaban.

Impresionado por este desafío, inicia su preparación ministerial para dar a Chile un mensaje de fe y esperanza. Quizás Weiss nunca había escuchado la estrofa de nuestro himno patrio que habla de la esperanza y promesa de “un futuro esplendor”. Sin embargo, como pocos, a partir de ese mes de abril, sería uno de los que con su creencia, filosofía y pensamiento colaboraría para un futuro esplendoroso de nuestro país.

Con Weiss nace en Chile la Corporación Iglesia Alianza Cristiana y Misionera, pues a su arribo a Talcahuano decide quedarse algún tiempo en Concepción, pero pronto se dirige a Victoria a invitación de los colonos en el área, donde adquiere una propiedad para vivir y comenzar a compartir su fe y su creencia.

Dos años después se fabrica su propia imprenta y nace en Chile el primer periódico disidente de la religión establecida por el Estado, llamado “La Alianza”. Y aun cuando prontamente es obligado a callar por la intolerancia de pensamiento de esa época, se las arregló para seguir imprimiendo tratados, himnarios y porciones de la Biblia, que distribuía gratuitamente. Al tiempo que debatía públicamente por los derechos de libertad de prensa y pensamiento, salía a circulación, en reemplazo del censurado “La Alianza”, el periódico “La Verdad”, que luego de su clausura, daría paso en 1913 a la revista “Salud y Vida” que hoy tiene una circulación a nivel mundial, llegando incluso a Estados Unidos, Cuba, España y Rusia, entre otros países.

No menos difícil fue la tarea de compartir sus creencias, ya que al trasladarse a Valdivia con el fin de formar allí una iglesia, obtuvo una fuerte oposición, la que en muchas ocasiones pasó de los límites legales para llegar a la agresión física contra quienes profesaban la libertad religiosa y el derecho a creer conforme a lo que dictaba su conciencia. Varias fueron las ocasiones en que estuvo en peligro la vida de Weiss y sus seguidores. Sin embargo, llegó hasta el último lugar de nuestro país predicando el evangelio de Jesús.

En el mes de marzo de 1910, la naciente Corporación Chilena recibe la visita del Presidente y fundador de la Alianza Cristiana y Misionera en los Estados Unidos, el Pastor Alberto Benjamín Simpson. Viene a conocer todo el trabajo y ministerio desarrollado por Henry Weiss.

A la muerte de Weiss, el 24 de mayo de 1915, Dios envía hombres con la misma pasión y entusiasmo, que seguirán la labor entre los chilenos. Se recuerda como pioneros en el Sur de Chile al misionero Carlos Le Fevre y a su esposa, quien construyó la primera lancha evangelística en las islas de Chiloé, llamada “La Luz”. Además de predicar el evangelio, también ayudaba a los lugareños en el transporte, en la salud e higiene, y en el progreso de la zona. Más tarde llegó Juan Bücher, quien construye dos barcos. Más adelante, otras persona con tesón y esmero, dando lo mejor de sus vidas por sus semejantes, volvieron a construir, además de “El Alba”, I y II, otros barcos para continuar la tarea emprendida hace algunos años en Chiloé.

Hoy, la Corporación se extiende con sus templos desde Arica a Punta Arenas, teniendo obra y pastores en más de 150 ciudades, y enviando hombres con la misma fe, firmeza de principios y fidelidad a Dios, características en Weiss, a los países de Bolivia y Rusia, con el encargo de que hagan lo mismo que aquel primero que llegó a Chile compartiendo lo que Cristo hace en el corazón del hombre.

La Corporación Alianza Cristiana y Misionera cuenta hoy con alrededor de 12.000 miembros activos y con más de 40.000 simpatizantes, que siguen unidos para servir a Dios y a la patria por medio de diversas formas, como son: templos, hogares para menores, escuelas rurales, imprenta y editorial, institutos de formación superior en teología, librerías y emisoras radiales.

La Corporación Iglesia Alianza Cristiana y Misionera es un organismo autónomo, regido por sus estatutos jurídicos publicados en el Diario Oficial del 20 de marzo de 1979, que modificaron los anteriores del 11 de noviembre de 1920, y reconocida por el Gobierno de Chile, que le otorga personería jurídica por medio del Decreto Supremo N° 2234 del 11 de noviembre de 1920. Su gobierno es congregacional y dirigido por una junta ejecutiva de ocho personas, elegidas democráticamente cada tres años por la asamblea. En la actualidad, su presidente es el Pastor José Mardones Rivera. La Corporación es sostenida por medio de recursos propios, provenientes de aportes generosos de sus miembros.

En concordancia con su creencia y objetivo principal, su tarea es hacer llegar el mensaje de Nuestro Señor Jesucristo a cada persona, preocupándose de suplir integralmente sus necesidades espirituales, físicas y sociales. La Corporación Alianza Cristiana y Misionera se extiende en apoyo a la labor social del gobierno de nuestro país, dando atención a 200 menores en situación irregular derivados de los juzgados de menores, para lo cual dispone de dos establecimientos propios en Santiago y Linares, subsidiados por el Estado.

Bajo las filas de la Iglesia se encuentran gentes de las más diversas actividades económicas: obreros, empresarios, profesionales, jubilados, etcétera, como también hombres y mujeres venidos de todos los estratos sociales. Niños, jóvenes y adultos, todos unidos con el único fin de que los hombres de Chile y el mundo conozcan toda la gracia y el amor de Dios expresados a través de Jesús.

La Corporación Alianza Cristiana y Misionera es hoy miembro de la Confraternidad Mundial de la Alianza Cristiana y Misionera, con presencia en 54 países.

Estamos convencidos de que Chile tendrá un futuro esplendor si todos llegamos a conocer a Dios y a su hijo Jesucristo por medio de una experiencia personal. Esta será nuestra tarea hasta que Cristo venga.

(Extractado de 18ª Sesión Ordinaria del día miércoles 18 de Diciembre de 1996, del Senado de la República de Chile)

Primera Etapa.

Desde sus inicios en la Alianza Cristiana y Misionera, existieron hermanos y hermanas, que fueron llamadas por Dios al ministerio, y para ellos, se hacía necesario un espacio formal de formación ministerial.  La preocupación fue cómo preparar estos nuevos(as) siervos(as) del Señor de la palabra y en la práctica  Según las actas del 27 de mayo de 1908, se aprueba un plan de estudios por medio de Conferencias Bíblicas, una en el otoño y la otra en primavera.   La primera se celebró en Temuco, en abril de 1910.

Pero este esfuerzo no fue suficiente  para formar a los nuevos pastores y obreros. Ya germinaba la idea de una preparación  más formal  en la mente  de algunos líderes. No fue hasta  la Conferencia Anual de 1918  que se habló  de esta necesidad, contar con un centro formativo.

Para esta Conferencia Anual había llegado desde Nueva York el Director de la Obra Foránea de la ACYM, el Dr. Roberto Glover. Al ver la apremiante necesidad de preparar los futuros pastores y obreros que llevarían adelante la creciente obra de Chile, quiso conocer el parecer de la asamblea  sobre la posibilidad  de establecer un Instituto Bíblico. Había llegado la hora para que nuestra Misión tuviera  donde  los aspirantes al ministerio  recibieran una buena  formación pastoral.

¡Era la hora de Dios! Estaba la urgente necesidad, y la positiva disposición de los líderes. Y aunque faltaban  recursos  económicos, y pareciera, la persona que lo liderara, se estaban juntando las piezas necewsarias, pues Dios  había  traído al país un año antes  al matrimonio, Carlos y Rosa de LeFevre, quienes desarrollaron su ministerio pastoral en Capitán Pastene. El Pastor Rodolfo Gatica escribió en su artículo “reminiscencias”, lo siguiente sobre los LeFevre:

“Al mismo tiempo  que actuaban  como dirigentes  de esta iglesia, veían un vasto y necesitado campo donde ocupar todos sus talentos y ser útiles  para  el Señor, en el sentido  de instruir y preparar a los llamados  para dedicarse al ministerio  de la Palabra de Dios” (Salud y Vida, marzo 1925).

En la Conferencia Anual de 1920  en Valdivia, Carlos LeFebre, a pesar de una grave enfermedad, vio que debía “establecer un ministerio  de instrucción para pastores, maestros de Escuela Dominical y obreros laicos  para la evangelización.”  Desde un principio se decidió  que el Instituto sería un centro formativo de carácter interdenominacional (Salud y Vida, abril de 1963).

En 1921, se autoriza a Carlos LeFevre, para que estudié cómo realizar un Instituto de instrucción bíblica  para preparar  obreros para la obra de Dios. Así se inició el Instituto, bajo la modalidad ambulante: diez semanas intensivas  en Valdivia, diurno  como nocturno, y luego  se repitió  el programa  en Victoria. Escribió en una reseña de los comienzos:

“El Instituto inauguró  su primera sesión a las 9 de la mañana  el 4 de julio de 1921 con un discurso  por el Presidente de la Misión, el misionero Menno Zook, en la vieja Iglesia de Valdivia…  El curso de estudios  consistía  de ocho  ramos  diferentes, cinco días por semana, haciendo un total de 15 horas de clase. Como no había ningún material en castellano, excepto la Biblia, el profesor  debió preparar  todas las  lecciones, las cuales fueron  dictadas aq los estudiantes que las copiaron. La preparación de las lecciones ocupaba mucho tiempo, desde la finalización de las clases nocturnas hasta las 4 de la mañana…. Después de tres meses  en Valdivia, empaquetamos nuestros libros  y el pizarrón  de hierro y nos fuimos a Victoria, donde principiamos las clases el 17 de octubre  para finalizar el 27 de diciembre.” (Salud y Vida, abril de 1963).

El Instituto de manera ambulante, llegará a su fin, cuando  se encontró un sitio en la joven ciudad de Temuco, la Misión dio el dinero para la compra del lugar y así se estableciera de manera definitiva, el Instituto en Chile, lugar en donde hoy se encuentra junto a la Iglesia Dinamarca de la ACYM-Chile.

De los testimonios tempranos de esta época se nos cuenta: Extracto de Revista Salud y Vida. Abril de 1971. “Cuando se celebraban los 50 años del Instituto Bíblico, hoy Seminario Teológico. El remedio peor que la enfermedad. Como la propiedad adquirida en Temuco para construir el gran edificio que ahora existe, no contaba sino con unos pequeños y malitos edificios, y como ya no era más conveniente seguir con los cursos ambulantes; había que acomodarse de cualquier manera para poder continuar de inmediato las clases. Entre las mediaguas existentes se adaptó una de gran tamaño que llegó a servir de todo; esto es, sala de clases, comedor, capilla, salón de actos y finalmente hasta de cocina y además sala de hacer pan. Se compró alquitrán y se logró tapar y cortar esas goteras; pero lo triste fue que, cuando salía el sol y calentaba, el alquitrán caía en gotas sin respetar ni los cuadernos ni los platos de sopa. Fue entonces que descubrimos el dicho de que fue peor el remedio que la enfermedad. Que nadie piense que esas aventuras nos causan pena. No, nada de eso. Al contrario, nos gozábamos y divertíamos con ello. La casa que nos cobijaba bajo esas precarias condiciones, era y es tan noble y tan digna y divina, que jamás se puede empañar frente a ningún tipo de dificultades o incidencias terrenales.” (Revista Salud y Vida. Abril de 1971).

El 20 de marzo  de 1923  se fusionaron  los estudiantes de Valdivia y Victoria, y comenzaron  juntos  ek año escolar en su nueva propiedad. Las clases  eran en la mañana  dejando  las tardes  libres  para los  que los que tenían que trabajar para sufragar sus estudios.

A la par de las clases, se comenzó la construcción  del nuevo edificio, y así durante la mañana Carlos LeFevre enseñaba sus clases apoyado por su esposa Rosa y algunos pastores de la ciudad. Después del almuerzo, el rol cambiaba  drásticamente. Con pala, picota y carretilla, y ayudado  por algunos  de sus  estudiantes, se cavaba  el sótano y se colocaba  el fundamento seguido por el armazón, los ladrillos, el techo y el primer  piso del edificio, y en una construcción inconclusa se celebró la primera graduación, el 4 de diciembre de 1924, dentro de estos primeros graduados, estuvieron, personas como Rodolfo Gatica, Ismael Higueras, Manuel Segundo Flores, entre otros.

En el año 1928 hubo cambios en la Misión, llegando al Instituto, los misioneros Guido Bucher y Nettie Meier, posteriormente Enrique Wagoner hasta 1934,  cerrándose el seminario por un período de siete años.

Segunda Etapa: 1941 en adelante.

En Abril de 1941 el Instituto Bíblico abrió sus puertas. El Director de la Misión, Carlos Volstad, fue secundado  por el matrimonio  misionero recién llegado, Everett y Ellen de Eck. Ellos  junto al matrimonio Guido  e Irene  de Bucher y Pelma de Volstad, fueron lo0s  maestros de planta.

A partir de la década del cincuenta, se hicieron algunos cambios. Se extendió  el curso ministerial a cuatro años, siendo los graduados  del año 1952 los primeros  en haberlos completado.

Uno de los directores de más larga administración en el Instituto, fue Ramón Woerner, que junto a su esposa Betty, que desde 1959, estuvieron por 17 años.

Desde 1995 comenzó  el Programa Ministerial Nocturno, para facilitar  que los  que deben trabajar durante  el día puedan salir  con la misma formación bíblica y teológica.

De Instituto Bíblico a Instituto Teológico.

La década  del sesenta se despidió con un cambió de nombre  para el Instituto. Por 49 años se llamó Instituto Bíblico de Temuco. DE aquí en adelante se llamaría, Instituto Teológico de Temuco, o ITT; continuando con su prioridad enseñar la Biblia, la Palabra de Dios y de basar su teología en esta Palabra.

El Instituto, hoy Seminario, jamás se ha librado de la frase que la describe  como “la casa donde tanto se sufre”, puesta  por los estudiantes  de los años ’40. A pesar de decirse en broma, tiene  un elemento de verdad. Dios  sabe  cómo  pulirnos  y muchas  veces  sólo  con dolor  aprendemos  a corregirnos y confiar enteramente  en Él.

En a partir  de 1984, cuando el Instituto cuenta con su primer rector nacional, el Pastor José Mardones Rivera. Desde 1972, hubo una buena transición de la Misión Norteamericana a la Iglesia nacional, de misioneros a pastores. Esto fue una meta  de la Misión  por muchos años.

Al concluir su labor como rector, el Pr. José Mardones, escribía los siguiente: “Considerando  que ha habido un aumento de matrícula en cada año académico hasta llegar a 70  alumnos (diurno) el año pasado, es imperiosa la necesidad  de contar  con un mayor cuerpo de  profesores  que trabaje a tiempo completo  abarcando  el área de consejería. Sin duda  facilitaría  esta labor, el  que dichos  maestros  mantengan  una asistencia  casi  permanente  dentro del plantel…” (Salud y Vida, febrero de 1989).

Posteriormente al rectorado del Pr. José Mardones, lo siguieron los pastores, Pablo Darraidou, Carlos Woehr, Rafael Fuentes y Bárbara Volstad.

De Instituto Teológico a Seminario Teológico.

Es a partir de la rectoría, ejercida por el Pr. Juan Medina, que el Instituto, llegará a ser  denominado Seminario Teológico de Temuco, lo que traería  consigo un replanteamiento del quehacer académico de la institución, especialmente en el enfoque de los programas de estudios, acorde a las  exigencias de las demandas de la formación ministerial, como de los cambios experimentado en  la educación teológica en general, y su inserción en la Asociación de Seminarios e Instituciones Teológicas del Cono Sur (ASIT). También continuando con su  propósito a la luz de un nuevo plan de desarrollo institucional, en conjunto con el Seminario Aliancista Teológico Área Metropolitana y Seminario Teológico Aliancista de Concepción, lo que implicó revisión de los planes de estudios y reformulación de los programas  de estudios, plan de desarrollo y revisiones que han continuado, tanto en la rectoría ejercida por el Pr. Iván Flores y la Hna. Wilma Bustamante, abriéndose a nuevas modalidades formativas, tanto en el tipo de programas de estudios y modalidades de trabajo (extensión y on line).

El Seminario, fiel a su razón de existencia, seguirá brindado la tan necesaria formación a todos(as) aquellos(as), que siendo fiel al llamado de Dios, han respondido y responderán, y que en fidelidad y obediencia, encausan sus vidas y ministerios en la obra de Dios.